¿A quién debo invitar a mi boda?

¿A quién debo invitar a mi boda? Una boda es un acontecimiento familiar y social al que debemos invitar a nuestros amigos y a otras personas con las nos relacionamos. Te damos algunos tips para que sepas lo que indica el protocolo y aquellas cosas que no debes olvidar al hacer tu lista de invitados. Una lista de invitados confeccionada cuidadosamente es el primer paso para una celebración perfecta. Lo primero que los novios deben tener en cuenta antes de hacer la lista de invitados a la boda es el tipo de celebración que desean: una reunión familiar, un matrimonio íntimo, con pocos invitados, o uno multitudinario. Esto, en mayor medida, depende del presupuesto para tu boda, y es el punto de partida para toda la organización del evento.
Como siempre hay que establecer un número máximo de invitados, el primer objetivo es limitar, cosa que siempre supone dejar fuera a algunas personas que se pueden ofender. Aquí lo más importante es la diplomacia, de manera que debemos establecer unas reglas claras que nos permitirán decidir de forma equitativa. La forma más sencilla de empezar es que el novio y la novia, respectivamente, escriban una lista de invitados de sus familias. Luego los invitados “de compromiso”, un grupo que no se puede acortar demasiado y debe mantenerse fijo en lo posible; después vienen los amigos y, finalmente, los compañeros de trabajo. Una vez hecho esto se eliminan los invitados comunes para evitar duplicarlos y obtenemos un primer total. De acuerdo con el presupuesto que tenemos comprobamos si es posible invitarlos a todos al matrimonio.
La lista de invitados debe ser confeccionada por el novio y la novia. Para establecer límites, en el caso de los familiares que asistirán a la boda, podemos recurrir a varios criterios: según el grado de consanguinidad (solo hermanos, tíos y primos); según la edad (estableciendo un mínimo, por ejemplo, a partir de 18 o 20 años); solo convidar a los familiares que vivan en la misma ciudad. Es muy importante que la regla que escoja la pareja sea aplicada “a rajatabla” para evitar disgustos por parte de aquellos a los que no hemos invitado a la boda. Los invitados por compromiso y los amigos de los padres, por lo general, son fijos, pero siempre podemos aplicar nuestra regla general para limitar la asistencia: excluir los hijos menores de edad y a los que no vivan en la ciudad. Para filtrar a los amigos podemos comenzar por eliminar de la lista a aquellos con los que tenemos menos confianza o contacto, pero en todo caso, y si estamos muy limitados por el presupuesto, la norma puede ser, simplemente, invitar solo a nuestros familiares y enviar una participación al resto de personas. En el caso de los compañeros de trabajo podemos elegir solo a los de la misma oficina, sin olvidar nunca al jefe (aunque hay casos en los que se justifica excluirlo, sobre todo si no existe una buena relación con los empleados). Si tenemos invitados que vienen de fuera de la ciudad hay que tener previsto el alojamiento para el día antes o el día después de la boda, sobre todo si se celebra en un sitio alejado. Los novios podrán cubrir esos gastos de los invitados más cercanos (si el presupuesto lo permite) o de ninguno, lo importante es que la pareja lo deje muy claro desde el comienzo para evitar sorpresas. Finalmente, es conveniente que algún familiar cercano repase la lista para evitar recordarnos los posibles olvidos.
Cuando tenemos la lista de invitados podemos decidir la distribución en las mesas. Ya con la lista cerrada y el sitio de la fiesta contratado puedes organizar los invitados para la recepción, siguiendo estos diez puntos para distribuirlos en las mesas del salón de la boda.

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